jueves, 27 de junio de 2024

Mamá, nos veremos junto al río

Este texto que publico es mi intervención durante la despedida a mi madre, que se produjo justo un mes antes de la creación de esta entrada. Leyéndolo, doy gracias inmensas a Dios por haberme inspirado a prepararlo en aquella mañana, menos de 24 horas después de que ella se marchase. También le agradezco que me tomase de la mano y me ayudase a decir en voz alta aquellas palabras que creo que la definían bien. Como dije, espero fervientemente que lo que creyó ella durante gran parte de su vida sea cierto y que algún día nos reencontremos junto al río.


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Buenas tardes. Os miro y veo reflejada en esta sala a mi madre, cómo decidió ella existir. Porque ella tuvo la habilidad de ser ella misma en un mundo que demasiadas veces nos intenta teledirigir.


Mi madre, por mucho que me pese utilizar esta comparación, ha sido el Real Madrid en la competición contra las enfermedades. No podían con ella. No han podido con ella. Cuando parecía que lo más sensato era rendirse, ahí estuvo ella para demostrar que no. Lo hizo frente a un accidente de tráfico y más de tres años de operaciones. Lo hizo con la hepatitis. Lo hizo con su tiroides, lo hizo con el trasplante hepático. Siempre recordaré cómo entró al quirófano aquella madrugada, sobre las 4: con una sonrisa de oreja a oreja, con los puños cerrados y los brazos al viento. Como si hubiera marcado un gol en el minuto 97 que le hubiera dado una victoria o una copa. Y así era, pues iba camino de 7 años más de existencia. No sin lucha. Eso nunca. Ahora ha mirado a los ojos al linfoma más agresivo posible y no se ha rendido, sólo pasó al descanso cuando ese organismo que llevaba décadas encadenando averías ya no le respondió más… pero aún en ese momento ella seguía intentándolo, acelerando. 


Me vais a permitir que haga una pequeña semblanza de Pepi con cuatro letras. Y me vais a perdonar si alguna está un poco forzada. Esta intervención llevo preparándola meses. La hemos visto muy malita varias veces y en cada ocasión yo pensaba qué querría decir para despedirla, para homenajearla como se merece. Ahora no sé ni siquiera si voy a poder acabar de hablar, pero voy a intentarlo porque lo merece. 


Es fácil, muy fácil, pero os voy a proponer un juego: que os quedéis con las letras


LA PRIMERA LETRA QUE VOY A USAR ES LA A

LA A DE AYUDA


La A de estar SIEMPRE DISPUESTA. La A de cuando necesites algo yo estaré ahí. La A de aunque no lo hayas pedido, si yo creo que necesitas algo yo estaré ahí. La A de AYUDAR SIEMPRE A LOS DEMÁS. La A de actuar siempre por AMOR hacia quienes le rodean, buscando su bienestar.


Como aquel día que yo estaba enfermo, creo que con una gripe. Eran tiempos en los que internet acababa de echar a andar. Teníamos un cable de nosecuantos metros para conectar el módem del ordenador con el teléfono de casa, que estaba en la planta de abajo. 


Y el ordenador… me lo había comprado hacía unos meses al empezar la universidad. Yo tenía que hacer un trabajo súper urgente, bueno, más que urgente de esos que has dejado para última hora. De esos que el profesor no te va a aceptar el “he estado enfermo”. De esos que si no entregas, la lías parda. 


Había pedido un paracetamol para “doparme” y poder hacer el trabajo el sábado por la noche. Cuando la pastilla hizo sus efectos, ahí que me fui yo a darle a la tecla. Y EL TECLADO NO IBA. Para ser más exactos, tenía vida propia: teclas que no respondían, otras que sí, comandos que hacían lo contrario de lo que yo estaba intentando ejecutar…

Y entonces me di cuenta de que el aparato estaba húmedo y reluciente. Le pregunté si había hecho algo y me respondió: 


LO TENÍAS HECHO UN ASCO, LO HE ROCIADO CON CRISTASOL Y LO HE LIMPIADO. ¡QUE ERES UN GUARRO!


Me trajeron otro teclado y acabé el trabajo, Creo que incluso escribió ella, que fue a clases de mecanografía e iba mucho más rápido que yo.


Mi madre nunca le negó la ayuda a nadie. A los más cercanos o a quien se lo pidiera


V DE VOLUNTAD


V que también de Vendetta, como la novela gráfica. Venganza contra el NO PUEDO. Odio eterno a los imposibles. Cuando a ella le daban una mala noticia médica, lloraba y a la media hora estaba mentalizada para afrontar la lucha.


Cuando era pequeño vivíamos con lo justo y menos. Mi padre contaba el otro día que vendían lejía por las casas para completar algo parecido a un sueldo, y que ella me llevaba en el carrito porque, ¿con quién iba a dejar a un niño?


Cuando se hartó de malvivir pidió ayuda a la familia y, sin experiencia alguna, se metió en un herbolario y lo sacó adelante. Estudió decenas de cursos para aconsejar sobre terapias naturales, se tituló como esteticista e hizo cientos de tratamientos. Llevaba la compra a los clientes a casa si no les daba tiempo a llegar en horario comercial y, con la hepatitis declarándole la guerra, empezó la tienda virtual por internet que llegó a estar en línea


V de Voluntad porque cuando le hicieron el trasplante de hígado decidió que quería hacer todo lo que la enfermedad le había negado durante años. 


Fue entonces cuando a mi cuñado Juan Marcos y a mí nos dio por correr. Cuando ella vio que en las comidas de los sábados hablábamos de carreritas, de ritmos, de series, de a cuánto nos salía el kilómetro, de relojes inteligentes, de zapatillas… ¡ QUE PESADOS SOMOS LOS CORREDORES!... ella escuchó hasta que dijo:


YO TAMBIÉN VOY A CORRER


Y corrió. Se lo planteó y corrió. Y tuvo sus camisetas, sus relojes inteligentes, sus zapatillas, sus planes de entrenamiento con seis días de actividad a la semana. Y mi padre preocupándose porque decía que eso era poner el cuerpo al límite.


ELLA ME DECÍA: A VECES ME DUELE AQUÍ CUANDO ACABO, PERO NO SE LO VAYAS A DECIR QUE ES UN PESADO Y ME DA LA VARA


Hace unos meses hicimos la carrera de San Marcelino. Cuando acabó, camino del coche me dijo: “No me ha salido bien”. “Mamá, vienes de pegarte un pedazo de viaje con papá y tus amigas por La Rioja y Vigo. Normal, ya mejorarás”.

Fue su última carrera. Días después estaba ingresada por el linfoma contra el que ha luchado ocho meses.


Pero aquel día tuvo VOLUNTAD una vez más: como cuando aprendió a hacer las tortitas de Úbeda, su querido pueblo, casi mejor que en horno de allá.


Nos ha dado un ejemplo de energía, de fuerza, de perseverancia, de ilusión.


AHORA LA COSA SE PONE MÁS DIFÍCIL. PERDONAD SI ME EXTIENDO DEMASIADO


LLEGAMOS A LA I DE IDENTIDAD


I DE IDENTIDAD QUE DEBERÍA SER DE FAMILIA, QUE TIENE DOS IES. 


Pero usamos la I porque en este juego mando yo


Su núcleo duro ha sido la familia. Su marido y sus dos hijos. Un día, no hace mucho, ella me dijo: “Yo sigo con esto por vosotros”


No soportaba que discutiéramos. Si me enfadaba con mi padre, cosa que a veces ha sido demasiado frecuente, simplemente porque chocamos en caracteres (o en definitiva somos demasiado parecidos, y ya sabéis lo de los polos de la electricidad…), al rato de irme al trabajo o donde fuera tenía un mensaje suyo:


“Tienes que llevarte mejor con tu padre”


Si mi hermana y yo acabábamos a gritos, no finalizaba el día sin que nos juntase a hablar


Y si discutías con ella, no pasaban más de 5 horas sin que te llamase para hablar. 


A veces era agotadora porque tu hasta te habías olvidado de qué había pasado… pero ella tenía que ponerle pegamento, silicona… sellar la mínima grieta que ella pudiese adivinar en su núcleo duro.


I de identidad con la familia por encima de todo. Pero I de identidad en el equipo de running, el NLTT donde todos, absolutamente todos los que la habéis conocido de cerca me habéis enviado un mensaje estas horas diciéndome el ejemplo que era, la lección de fuerza, energía, felicidad…


QUE ELLA SOLA SE HUBIERA CARGADO A LEÓNIDAS Y A LOS 300 ESPARTANOS SI HUBIERA SIDO NECESARIO.


Identidad con lo que se centrara y claro, identidad con otra I, identificada al 100% con su iglesia.


Y LLEGAMOS A LA D DE DIOS


Para ella nada tenía razón sin Dios. “Si Dios quiere” no ha sido una frase hecha para mi madre, sino un mantra. 


Dijo SI DIOS QUIERE a cada palo que le dio la enfermedad. Confianza ciega en DIOS pasase lo que pasase. Si ocurría era porque lo había decidido así. Sin buscar explicaciones de habría pasado esto o lo otro. No. Un día lo entenderé. Se ha ido de este mundo sin comprender nada, ni al mundo ni muchas decisiones de Dios, pero sí aceptándolas y con la confianza de que un día recibirá su explicación.




Vio en Dios alguien que ayuda, en quien apoyarse, cuyo amor era infinito porque “dio a su hijo unigénito para que quien crea en el no se pierda más tenga vida eterna” (Juan 3:16)


Vio en Dios esa fuente de voluntad, de perseverancia, de no rendirse jamás. Y que cuando te rindes, si le pedía ayuda a ella le daba fuerzas para seguir adelante


Vio en Dios esa identidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Familia. Núcleo duro. La que ella también formó. Mis tíos, primos… Las subfamilias que fue eligiendo: Manolita y Segundo, amigos del running, nuestros amigos llegaron a ser parte de su familia… por supuesto Reina y Juan y toda su familia, Julián y Esperanza y toda su familia…


Vio en Dios la solución a una existencia DIFÍCIL


VIO EN DIOS VIDA, QUE COMO HABRÉIS ADIVINADO ES LA PALABRA QUE FORMAN LAS LETRAS DE LAS QUE HE HABLADO


Ella descubrió esta promesa y, en tiempos en que los tatuajes estaban más que mal vistos, se la tatuó en la mente: 


“He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida”

(2 Timoteo 4;7-8)


Ella ha peleado la buena batalla y ha acabado su carrera. Ha llegado a la meta victoriosa. 

¿Sabéis? No puedo demostrar que lo que ella creyó sea cierto, pero sí he visto que la hizo más feliz en una existencia difícil


Y toda esa fortaleza no puede venir de la nada, así que yo elijo creer. Y si no acabase cumpliéndose, como ella, no habré perdido nada. 


Mi padre ha dicho estos días que no sabemos cuando, pero tenemos una cita con ella. 


Mamá, nos veremos junto al río…


Y LLENOS DE VIDA

sábado, 30 de diciembre de 2023

La Champions de Mosh Libros 2023

En primer lugar, quiero saludar a la gente que durante mucho tiempo siguió este blog y espera con paciencia a que lo reflote. Lo he prometido tantas veces que ya no me atrevo a hacer tal cosa, comprometerme a escribir de una forma más o menos periódica por aquí. Lo mantengo como un espacio personal que no debe causarme estrés y donde pueda expresar justo lo que yo quiera, sin cortapisas. Cierro 2023 sólo con tres entradas, la penúltima de mayo. Esta va a ser para presentar la segunda edición de un juego que inventé hace un año a través de mi cuenta de Instagram y que voy a repetir.

Este año, además, le hemos dado un nombre que, si tenemos salud y ganas, mantendremos de cara a la tercera edición y, si cabe, sucesivas. Bienvenidos a la 'II Champions de Mosh Libros' que, como en la pasada, se trata de que mis seguidores me ayuden a elegir el que ha sido el mejor libro que me he leído durante los últimos 365 días. En esta ocasión han caído 20 más otro que está ya a la mitad a 29 de diciembre, pero que incluiremos en el elenco de 2024 incluso en el improbable caso de acabarlo antes de Nochevieja.

Este año me hace especial ilusión el juego puesto que el elenco incluye, junto a autores de gran prestigio y autores de best sellers, otros que han escrito amigos, algunos de hace mucho tiempo y otros que he ido conociendo gracias a la publicación y promoción de mi primera obra, 'Los Cafés de Pelayo': PUBLICIDAD, quien aún no lo tenga y quiera hacerse con un ejemplar, que me contacte. 

El sistema de competición esta vez va a ser de dos fases: la primera, de clasificación, donde sólo 'caerán' eliminados cuatro libros: una primera eliminatoria que salvará a diez (que se hará en cuatro días), una segunda que salvará a cinco (en dos días) y una última en la que sólo se salvará el más votado. Como el año pasado, se publicará una story con una encuesta para cada eliminatoria y el plazo para votar acabará a las 23 horas (para no perder los datos).

La segunda fase, con 16 libros, será eliminatoria directa. En octavos habrá dos eliminatorias diarias y a partir de cuartos, una. Como el año pasado, haré los sorteos previamente: como en 2022, sorteo puro con la única salvedad de que si han pasado la fase inicial, los libros de un primer autor se 'enfrentan' entre sí. Dicho esto, y como me estoy enrollando, deciros que la competición empezará el 2 de enero y a continuación os hago una pequeña explicación de cada libro -tranquilos- sin 'spoilers'.

1. Las Madres (Carmen Mola). Lo siento a quien pueda condicionar, para mí es el mejor libro de Carmen Mola, que además explora un tema polémico, de actualidad y de forma original. Y de nuevo, mediante una novela negra con tintes casi gore en algún momento, lo que echa para atrás a parte del público.

2. El nombre de la rosa (Umberto Eco). Un clásico que tiene parte de novela histórica, novela negra y filosofía. Una auténtica obra maestra que he tenido demasiados años pendiente. Me costó un poco porque tiene una prosa densa, con conversaciones muy profundas que a veces conviene saborear.

3. Los seres queridos (Jorge Alacid). La obra de un compañero en LAS PROVINCIAS que, en mi opinión, proyecta plenamente su carácter. Algún personaje hay que incluso piensas: "¡Es él!". El libro te mantiene en intriga y yo esperaba un desenlace en otro sentido, por lo que puedo decir que me sorprendió. Dibuja lo que es la redacción en un periódico local o regional como en el que trabajamos.

4. Todo arde (Juan Gómez Jurado). Fiel a su estilo, mantiene la tensión, sabe manejar el ritmo y te permite una lectura ágil. Thriller puro y duro con el sello del autor. Acaba de publicar la segunda parte de esta trilogía, aunque personalmente del úniverso en el que Jurado está escribiendo sigo quedándome con 'El Paciente'.

5. Novela de ajedrez (Stefan Zweig). "Es un clásico, una apuesta segura", me dijo mi compañera Laura Garcés cuando le comenté que me lo estaba leyendo. Y lo fue. Novela corta pero que te da varios giros y que además incluye varios diálogos de lo más interesante. 

6. Claus y Lucas (Agota Kristof). Primera recomendación de los amigos de la librería 'Imperio' y que acertaron al definirlo como "una puta obra de arte". Realmente es una trilogía incluída en un único volumen. Empieza cuando una madre deja a sus dos hijos gemelos en casa de su abuela , en un pueblo y en tiempo de guerra. Y acaba... hasta ahí puedo leer. Os volará la cabeza. 

7. Agnes (Javier Peña). Una especie de novela confeccionada a base de pequeñas historias que conforman la vida de un hombre cuyas mujeres con las que se relaciona acaban teniendo un final trágico. De nuevo, el periodismo como hilo conductor. Curiosa y recomendable por lo diferente. 

8. Totes les portes (Naskunur Garbega). Un placer leer esta historia de mi amiga Núria, que debuta como novelista. Escrita en valenciano, es un relato vital y realista. Por eso no maquilla ni el inicio, ni el desarrollo, ni el desenlace, que como hemos prometido, no vamos a desvelar... leedla!

9. El problema de los tres cuerpos (Cixin Liu). Me la vendieron como una obra maestra de la ciencia ficción, género que tenía aparcado desde hace un par de años. Lo es, y además, de primera calidad, abordando el problema de la ecología. De forma alegórica, también trata el tema de las creencias en el más allá o en un mundo mejor. Es el primero de una trilogía.

10. Veintitrés fotografías (Sònia Valiente). Otra ópera prima de una compañera y amiga, que además he conocido mejor gracias a la publicación de mi libro. No es el estilo de literatura que suelo consumir, pero lo devoré. Relato que me pareció 'muy de Sònia' y que recomendaría sobre todo  a mujeres de a partir de 30 años.

11. Todo lo que muere (John Conolly). Primero de la serie de uno de los maestros de la novela negra. Quizás como me lo habían vendido tan bien en el momento me dije: 'Pues no es apra tanto'. Pero sí, con los clichés del género, genera un ambiente lúgubre en el que el ritmo no decae en ningún momento.

12. Rosy & John (Pierre Lemaitre). El cuarto de la serie 'Camille Verhoeven' (realmente el tercero cronológicamente) es distinto. Trepidante, pero como me dijeron con la sabiduría de siempre en la librería 'Primado', no tiene nada que ver  con el resto. Eso sí, creo que hay que leerlo o se deja la serie incompleta. 

13. Camille (Pierre Lemaitre). El cuarto o el tercero, como se quiera ver, también sorprende como el resto de los libros. Recomendable, pero una vez leídos los cuatro, sigo haciendo mi diagnóstico cuando a final de 2022 llegué al ecuador: el mejor 'Iréne' por su bestial deslenlace (con 20 páginas en las que echarías a correr junto al personaje) y cerca 'Alex'por los giros y el abroche final.

14. El hombre capaz de hacer felices a todas las mujeres (Rubén Espinosa Cotcho). Otro amigo que he hecho en mi debut literario y de nuevo una novela en la que salí de mi zona de confort. No he leído nunca novela erótica y esto me dio capaz para escribir un relato (que de momento y creo que seguirá así no verá la luz). Además, plasma un gran saber sobre poesía, una de las pasiones de Rubén (pero que no es lo que yo suelo consumir). Me resultó a veces complicado, por lo que he expuesto, pero me aportó mucho, igual que charlar con su autor. 

15. Valencia Roja (Ana Martínez Muñoz). ¿Una Carmen Mola a la valenciana? Desde luego la construcción del personaje principal tiene semblanzas con Elena Blanco, así como parte de su equipo. Tiene el atractivo -para los valencianos- de desarrollarse en lugares donde conocemos. Aborda el tema de la prostitución con una novela negra ágil, entretenida y escabrosa en algún momento como herramienta. A mí me entretuvo.

16. La piel del tambor (Arturo Pérez Reverte). Mi ración anual de Reverte la encontré en un rastro de Mojácar por un euro y la consumí, semanas después, en las playas del Cabo de Gata. Empezó bien, se desarrolló mejor y acabó con la sensación de que no es de las mejores de un autor cuya prosa jamás decepciona. Siempre, eso sí, es un placer volver a Sevilla, aunque sea mediante las páginas de un libro.

17. Cáscara de nuez (Ian McEwan). ¿Qué pasaría si un feto fuera el único testigo y, por tanto, el único que podría frustrar el asesinato perfecto de su padre, a manos de su madre y el amante de esta, que además, es el hermano de la víctima? Complicada, ¿no? La pregunta, digo. Pues este es el planteamiento de una novela muy original, donde no faltan disertaciones filosóficas del autor en boca del nonato. Y un buen desenlace, quizás, el único posible. 

18. Nadie en esta tierra (Víctor del Árbol). Mi novela negra del año, sin duda. O el descubrimiento del año: el de un autor que conocí en la primera ponencia del congreso 'Escrivivir' y que sólo con esto ya estaba totalmente justificada la inscripción. Luego compré el libro, dedicado por supuesto, y que me enganchó de principio a fin por la historia y sus personajes, desde el protagonista hasta los que duran una veintena de páginas. 

19. Los reyes de la casa (Delphine Devigan). Un libro que sirve como fábula para familias jóvenes con hijos, sobre todo quienes caen en la tentación de exponerlos en demasía en internet. Expone un caso extremo pero que muestra los peligros de prácticas cada vez más habituales.

20. Las cosas que no nos dijimos (Marc Levy). Este libro me apareció durante la limpieza del trastero de casa, en una caja entre objetos de lo más variopinto. Me lo tomé como señal para leerlo aunque no sea mi género habitual, todo lo contrario. Historia para pensar, reflexionar y actuar en el sentido de intentar no dejar asuntos pendientes con las personas más cercanas porque no sabemos cuándo dejaremos de tener la oportunidad de resolverlos.




sábado, 20 de mayo de 2023

Mi primera vez en Mestalla

No voy demasiado por Mestalla, eso que vaya por delante. Quienes me conocen saben de mi preferencia por el Levante. Una noche de radio escuché a José Ramón de la Morena, maestro de muchos de los que actualmente somos periodistas, decir que él no había escondido nunca que era del Atleti. Lo consideraba un ejercicio de objetividad. Adopté su decisión como mía en cuanto entré en la redacción de Las Provincias hace ya dos décadas: soy granota y me gusta el Barça como poso de una adolescencia admirando al equipo tejido por Johan Cruyff.

Estamos en una sociedad que no admite los grises. Por la regla de tres que acabo de plantear en el párrafo anterior, despejando 'X' el resultado de la ecuación debería proclamar: 'Moisés es antivalencianista'. Y no. Por mucho que picase durante varias semanas a mi amigo Pablo después del 7-0 del Karlsruhe. Por mucho que siga alimentando esa rivalidad con 'xotos' cercanos, se me ocurre por ejemplo mi compañero Álex Serrano.

Pero no. No soy anti valencianista y sí, también tengo mis días en Mestalla. Como casi cualquier periodista, a decir verdad, la mayoría han sido en jornadas laborales. Tuve la suerte de ir bastante en la etapa de Benítez. También después, en la época de Emery. Recuerdo especialmente un partido contra el Mallorca en el que Antonio Badillo, que entonces era jefe de deportes, me mandó a vivirlo junto al banquillo local para hacer una contracrónica. Pedí que me acreditaran para estar a pie de césped, pero me contestaron que esa ubicación era para fotógrafos. No me conformé con aquella respuesta y con la ayuda de un compañero gráfico conseguí un peto. Damià Vidagany, que por aquel entonces era el jefe de comunicación del club, me pilló, no recuerdo si casi al inicio o en el descanso, me dio dos toquecitos en la espalda y me dijo: "¡Al final te has colao!".

En los últimos años apenas he ido a Mestalla... a partidos. Porque sí recuerdo una entrevista, para el centenario del club, con el actual entrenador, Rubén Baraja. Llegó unos diez minutos tarde, en bicicleta, y nos sentamos en tribuna. Estuvo de lo más amable en aquella charla. También he tenido la suerte en llegar al césped en las dos o tres ediciones de la carrera popular que se celebró durante el Circuito de Valencia. Impresiona entrar al coliseo con las gradas vacías, no quiero ni pensar lo que supondrá jugar ahí con 45.000 personas gritando.

Pero sin ningún lugar a dudas, me quedo con mi primera vez. Me he acordado de ella al escuchar la bonita entrevista que este jueves le ha hecho Javi Lázaro en Radio Marca a Sergi Calvo, coordinador del libro 'Cent'. La obra, que nace con motivo del centenario de Mestalla, recoge una serie de relatos de gente valencianista, contando algún partido que les marcó. Entre esas personas está mi amiga Lourdes Martí. Y a mí me ha venido a la mente aquel domingo por la mañana en el que fui al coliseo de la avenida de Suecia por primera vez. Un cliente de mis padres nos regaló dos entradas para el filial, y fui acompañado de mi abuelo. Tendría diez o doce años. Creo que estábamos en sillas gol norte. Me impresionó el olor a césped y el continuo murmullo del público, así como el estallido de alegría ante el tanto local. Creo que aquel día decidí que me iba a gustar el fútbol.

domingo, 22 de enero de 2023

El abuelo cumpliría 100 años

Me despierto. Son las 11.45 horas. Dato para hacer daño, con toda la intención de corroer de envidia a esos que siguen animándome de la paternidad antes o justo después de quejarse de lo poco que duermen y de su nula existencia lejos de los biberones y los pañales. Lo necesitaba después de una semana agotadora, más mental que físicamente, que también.

"Este año el abuelo cumpliría 100 años".

El whats app de mi padre serpentea entre las legañas. Mi retina lo descifra a pesar de que mis gafas siguen en la mesilla de noche. El mensaje serpentea por mi cerebro, que se activa. Se clava en una de las amígdalas, o en las dos. No en las de la garganta, donde siento un nudo.

Se pone en marcha el hipocampo y empieza a generar emociones con el recuerdo a aquel señor bajito, sin demasiado pelo y con gafas. "¡Jodeer, cómo sigo echándolo de menos!". Hace ya 11 años y un mes desde la última vez que interactué con él. "¡Venga abuelo, que te vas a poner bien!". Estaba sentado en una camilla en la residencia, aquejado ya de la neumonía que un par de días después acabaría de consumirle. Me miró y negó con la cabeza. No tenía estudios, pero era inteligente.

Sabía que su cuerpo, más de Seat 600 que de Twingo, y con motor de camionaco de esos que van por la A-7 más que Ferrari, estaba ya para el desguace. Mi abuelo fue de esas personas que aprendieron desde la niñez a ganarse la vida con las manos. De esa generación que sabía cuándo iba a llover sólo con mirar al cielo. De esa España que entendió a base de la miseria que trae una guerra civil y una posguerra que lo más importante es poner un plato encima de la mesa cada día.

Mi abuelo me llevaba a la playa, jugaba a fútbol conmigo y vimos juntos los primeros partidos. Era muy del Real Madrid, que algún defecto tendría que tener y ese era el suyo. Bueno, no tanto porque nos servía para discutir entre risas. 

Los abuelos se van demasiado pronto. O quizás sea que la gente, en general, se va demasiado pronto. Sigo necesitando al abuelo. Lo noto porque cada vez que he tenido una semana mala, siento la necesidad de peregrinar hacia su tumba y recordar. Eso rellena mi barra de energía. Imagino lo que le habría contado y también represento su reacción.

"¡Che! ¡Será posible! ¡Anda tira p'allá o te pego un sopapo!". 

Vale, sí, eso me lo decía cuando discutíamos de fútbol, pero su reacción no diferiría mucho. Seguro.

Que una vez traducido en mi cerebro sería algo así: "¡No me toques los cojones con que estás jodido por esa chorrada! ¿En serio? ¿Por una mala semana en el curro?". Y seguiría:

"Jodido es que con seis años te envíen todos los días al campo con un rebaño de ovejas y que sin haber disfrutado la niñez te conviertas en un eslabón más de la endeble cadena productiva familiar".

"O... jodido es volver a casa y comprobar que el perro pastor rebelde que se había escapado del monte ha destrozado los productos de la matanza que nos iba a dar de comer medio invierno". (lo que le pasó al chucho ya lo contaré otro día).

"O... jodido es que se muera tu mujer y te quedes solo para criar a tus dos hijos".

"O... jodido es tenerte que ir del pueblo a vivir a Valencia para sacarlos adelante".

"O... jodido es...". 

Delante de su tumba he pensado en lo afortunado que soy de vivir en una casa cómoda y por la que pago un precio razonable en un momento en el que los alquileres están descontrolados y minados de precios abusivos. En la suerte que es tener una compañera de vida de fiar en un tiempo en que puedes esperarte que te apuñale hasta tu sombra. En que dentro de una semana viajaré para correr un medio maratón y no para sobrevivir a cambio de dejar atrás mis recuerdos y mi forma de vida. Me han venido a la mente sus patatas a lo pobre, que para mí eran un manjar pero que en su juventud era lo único que podían echarse a la boca después de una dura jornada de curro en el campo y tras haberlas cocinado en una cazuela abollada...

Podría haberme quedado un buen rato pensando. Como otras veces. Pero esta hacía un frío que pelaba.

El abuelo se marchó consumido el 14 de diciembre de 2011. Desear que se quedara con nosotros un tiempo más como estaba era no quererle. 

Pero ojalá hubiera gozado de cierta salud y estuviera ya ancianito, pero con ese optimismo y alegría que derrochaba cuando yo era niño. En este 2023 habríamos celebrado una buena fiesta por su 100 cumpleaños. Igual es lo que toca, para recordar que ese hombre pequeñito y sin estudios universitarios nos enseñó a todos cuál era el rumbo.

"Gánate la vida a base de trabajo y presta tu ayuda a los que tienes a tu alrededor". No me lo dijo con palabras, pero lo observé con sus hechos. 

Una vez más, me he dado cuenta de que lo echo de menos. Y que cuando me vaya, me gustaría que ya cumplidos los 100 años, yo haya sido para alguien un ejemplo, como lo fue mi abuelo para mí.